Año 2026 – 17, 5-10-2026
El bautismo es una ordenanza y un sacramente que el mismo Señor Jesucristo instituyó. Debemos bautizar a nuestros hijos pues están incluidos en el pacto que Dios ha hecho con su pueblo. Pero debemos igualmente bautizar a todos aquellos que tras arrepentirse de sus pecados y confiar en Cristo como único y suficiente Salvador quieren ahora unirse a su pueblo. He aquí un ejemplo:
El eunuco etíope
Lucas dice que el etíope tenía gran autoridad bajo Candace, reina de los etíopes, y estaba a cargo de todos sus tesoros. El eunuco etíope había venido a Jerusalén a adorar, lo que indica que era un judío en la dispersión o, más probablemente, un gentil que en algún momento había abrazado las enseñanzas del judaísmo y había hecho un largo viaje desde Etiopía hasta Jerusalén para la Pascua. Ahora regresaba a Etiopía.
Felipe alcanza el carro
«Y sentado en su carro, iba leyendo al profeta Isaías». Llevaba consigo toda una comitiva, y su carro se parecía más a un carro cubierto o diligencia tirado a lo largo del camino del desierto. El carro no iba a gran velocidad, y el propio eunuco no lo conducía, sino que un subordinado lo estaría haciendo. Esta es la escena: en medio del desierto, una caravana avanzaba por el camino. Allí, un alto funcionario de Etiopía estaba sentado, leyendo en voz alta, y Dios envió a Felipe para interceptarlo. Lucas dice: «Y el Espíritu dijo a Felipe: ‘Acércate y júntate a ese carro’».
Felipe predica a Cristo
El hombre etíope estaba sentado en su carro, leyendo en voz alta un texto del Antiguo Testamento. Mientras Felipe corría, le gritó al eunuco etíope, porque podía oír lo que estaba leyendo, y le dijo: «¿Entiendes lo que lees?». El eunuco miró al hombre que corría a su lado preguntándole si entendía el texto de Isaías y le dijo: “Francamente, no. ¿Cómo podré entenderlo si alguien no me lo explica?». Con eso, el eunuco invitó a Felipe a subir al carro y hablar con él sobre el texto. Lucas dice: El pasaje de la Escritura que leía era este: «Como oveja a la trasquila fue llevado; Y como cordero mudo delante del que lo trasquila, Así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; Mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida». Estas palabras fueron escritas casi ochocientos años antes de la cruz. En ese intervalo de ochocientos años, nadie vino a cumplir la profecía de Isaías del Siervo Sufriente del Señor que llevaría los pecados del pueblo de Dios. Ochocientos años después, mientras un etíope leía este texto, Felipe le preguntó: «¿Entiendes lo que lees?». El etíope respondió: «No. ¿De quién habla el profeta? ¿Habla de sí mismo o de algún otro que ha de venir?». Lucas nos dice: «Entonces Felipe, abriendo su boca y comenzando desde esta Escritura, le anunció el evangelio de Jesús».
Conversión y bautismo
Cuando vieron el agua, el eunuco dijo: «Mira, aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?». Felipe ya le habría hablado de la Gran Comisión de ir por todo el mundo predicando y enseñando a Cristo y bautizando a todas las naciones en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Estoy convencido de que le explicó al eunuco que, así como la circuncisión era la señal de la alianza antes de Jesús, ahora la nueva señal del reino de Dios y de la nueva alianza era la señal del bautismo. El eunuco había absorbido todas estas cosas, vio agua y dijo: «¿Hay algo que me impida ser bautizado?». Felipe dijo: «Si crees de todo corazón, bien puedes». El eunuco entonces respondió y dijo: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios». En la iglesia primitiva, sabemos que el proceso funcionaba así: cuando los gentiles se convertían, primero hacían una profesión de fe, luego se bautizaban, después eran bienvenidos a la comunión de la iglesia y se comprometían en lo que se llamaba la Didajé, o la enseñanza de los apóstoles y discípulos.
Sin impedimento
Cuando Felipe dijo: «Si crees de todo corazón, bien puedes», y el eunuco dijo: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios», ¿qué sucedió? El eunuco le dijo al conductor: «Detén el carro», y se detuvieron en el acto. Felipe y el eunuco bajaron del carro, fueron hacia el agua y no se quedaron simplemente junto a ella. Descendieron al agua y Felipe bautizó al eunuco. No hay ni una sola palabra en este texto sobre el modo de bautismo.
El gozo de Cristo
Lucas continúa: «Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió su camino gozoso». La conversión es la obra sobrenatural del Espíritu, por la cual nos despierta para contemplar nuestra banca rota espiritual y el perdón y la vida que tenemos en Cristo. El gozo es su resultado.