Año 2026 – 13, 18-08-2026
¿Es posible encontrar el sentido de la vida por medio de la sabiduría? (ciencia). Eclesiastés 1:12-18.
Artemis II y su nave tripulada Orion ha finalizado su misión con éxito, y de nuevo, hemos oído voces acerca de las bondades de la ciencia diciendo que en el universo está la clave para entender el origen de todo y, por ende, el sentido de nuestra existencia. Esta facultad de interrogar e interrogarnos a nosotros mismos por el valor y el sentido de las cosas es parte de nuestra naturaleza: “penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres” (v.13) “Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría todo lo que se hace debajo del cielo” (v.13). En palabras de Eintein: “Lo sorprendente es que, tal vez, el mundo tiene un significado y la vida humana un sentido. Seguramente, lo más probable es que sea así…”
La sabiduría y el creador
Solo podremos conocer el mundo de Dios en la medida en que Dios quiera revelárnoslo. La impotencia del hombre descrita en los versículos 2-11, solo puede ser superada observando los creado por medio de las lentes del creador. “En tu luz veremos la luz” (Salmo 36:9; 43:3)
La vida debe ser celebrada como la “buena” creación de Dios. Siete veces en Génesis 1, Dios al ver su creación, lo califica de “bueno”. De igual modo el Eclesiastés contempla y considera la vida creada y concluye: “No hay mayor felicidad para el hombre que comer y beber, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios” (2:24). Solo Dios puede desvelarnos el significado de nuestra existencia en medio del mundo por él creado. La búsqueda de la sabiduría debe ser emprendida, por lo tanto, desde una perspectiva divina.
¿Qué es la sabiduría?
La R.A.E., la define como: Grado más alto del conocimiento. Conducta prudente en la vida o en los negocios, de las ciencias, letras o artes. Para el Eclesiastés hebreo, la sabiduría es, fundamentalmente, arte de vivir, no simple ciencia de laboratorio. Salomón había estado gobernando como rey sobre Israel en Jerusalén (v.12). Se había dedicado diligentemente a esta cuestión (v.13). Había observado todo lo relativo a esta cuestión, Había adquirido más sabiduría y conocimiento que la mayoría de la gente (v.16). Halló mucho dolor y fatiga en las cosas tal como estaban (v. 17).
La sabiduría como don de Dios y es buena (2:1,14), pero no es un valor absoluto, ni un fin en sí mismo. La investigación científica no puede suplantar a Dios, fuente y origen de toda verdad, ni todo lo que sucede puede explicarse racionalmente. El principio de la sabiduría, es el temor de Dios. La búsqueda de la sabiduría constituye un trabajo penoso y, muchas veces, una frustración (vv. 13-15) “este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen de él”. ¿De qué le sirvió al gran monarca toda su sabiduría si no descubrió el camino de la felicidad y se le escapó el arte de vivir? El hombre por sí mismo no podrá descubrir jamás la clave del sentido de la vida. Eclesiastés quiere servirnos como una “guía para la vida y para el arte de vivir”. De ahí su radical realismo; de ahí su constante huida de triunfalismos y también de ilusiones vanas; tanto las procedentes de la credulidad y la superstición, como las forjadas por la incredulidad. El Eclesiastés confiesa ante el Dios de Abraham, Isaac y Jacob – y delante de la asamblea de gentes de toda clase y condición – que el más alto grado de inteligencia reside en el conocimiento de la propia ignorancia, en la confesión de las limitaciones de nuestro intelecto. “Solo sé que no sé nada”
Dios creó todo perfecto y el pecado y nosotros parecemos empeñados en malograrlo (7:29). La comprobación de la transitoriedad de nuestra vida y la fragilidad de nuestra sabiduría debiera hacernos más humildes. Nuestra búsqueda solo adquiere dignidad cuando nuestro trabajo y nuestra sabiduría conocen sus límites y no pretenden el endiosamiento. De lo contrario, esta se convierte vanidad de vanidades y aflicción de espíritu, pues el hombre natural tiende a entronizar la ciencia “Destronando a Dios y deificando al hombre, pretendiendo darle leyes y reglas mediante las cuales pretende hacerle feliz”.