¿Cuál es el mayor mandamiento?

¿CUÁL ES EL MAYOR MANDAMIENTO?

Año 2025 – 7, 17-11-2025

En un momento de la liturgia judía de la Pascua se hacían una serie de preguntas para preparar la participación en la ceremonia. Existe un sorprendente paralelismo entre la liturgia Pascual y Marcos 12:13-37. Las preguntas se referían a cuestiones de Derecho: ¿Es correcto pagar impuestos al César? Cuestiones en las que se intentaba ridiculizar y relativizar la verdad, o, por ejemplo, la pregunta de los saduceos sobre la mujer casada siete veces y la resurrección, o cuestiones de relativas a la conducta, cómo: ¿Cuál es el mandamiento más importante? Y, por último, una pregunta que el patriarca de la familia solía plantear a menudo buscando el significado de dos pasajes que parecían contradictorios (12:35-37).

ABOGADOS Y LEYES

Aquí tenemos a un maestro de la ley que evidentemente ha estado tomando nota de los debates anteriores. Le impresionó lo que Jesús tenía que decir, y por eso él también hizo le hizo una pregunta: “¿Cuál es el mandamiento más importante?”

La cuestión sobre qué leyes son las más importantes y que otras son de interés relativo, es parte del trabajo de los juristas. Jesús trató la pregunta de este abogado como una pregunta sincera, y le dio por lo tanto una respuesta directa. Aunque también parece indicar que era algo confusa. Naturalmente, el abogado quería enumerar las leyes de Dios dándoles un orden de prioridad claro, para saber exactamente a qué atenerse cuando midiera su propia vida con ellas.

La respuesta de Jesús, subrayó el hecho de que el intento de cualquier hombre de medirse a sí mismo con la ley buscando la paz de su alma, está destinado al desastre, porque la primera ley requiere un amor a Dios completo, y perfecto. Y no sólo eso, sino que también, ¡debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos! En otras palabras, la respuesta de Jesús enfatizaba el hecho de que Dios nunca está satisfecho con nada menos que la devoción de toda nuestra vida, durante todo el tiempo de la misma.

DEVOCIÓN DE TODO EL CORAZÓN

Es importante que precisemos las implicaciones de lo que dice Jesús en su cita de Deuteronomio 6:4-5 (en los vv. 29-30). Dios debe ser el objeto exclusivo de la devoción de mi corazón. El centro de todo mi ser, de cuya adoración y admiración deben dirigirse solo a él y a su gloria. Él debe ser lo primero en mi ambición y mayor motivación. He de amarlo con mi toda alma, para que todos mis afectos y emociones estén en sintonía con su voluntad y se enciendan con el deseo de servirlo.

MI PRÓJIMO Y YO MISMO

Pero, ¿qué significa amar al prójimo como a uno mismo? (Marcos 8:34)? La respuesta está en reconocer que Dios hizo al hombre como su imagen. Amar a Dios mismo implica que también amar todo lo que le refleja de alguna manera. Sería incoherente amarlo a él, pero no a los que son a su imagen (Santiago 3:9-10). Ese amor debe reflejarse igualmente en nuestra actitud hacia los demás. Sabemos algo acerca de las personas que tal vez ellas no conozcan de sí mismas: fueron hechas para reflejar la imagen y la gloria de Dios. Incluso cuando esa imagen se ha distorsionado en sus vidas, los amamos, porque vemos lo que debían ser, y nos sentimos movidos por la compasión.

CERCA, PERO NO SUFICIENTE

El abogado quedó claramente impresionado por lo que dijo Jesús. Reconoció que esa obediencia sincera al Señor era mucho más importante que cualquier ritual en el que pudiera tomar parte. Jesús lo elogió por su comprensión y añadió un comentario destinado a enviarle a casa con una profunda reflexión: “No estás lejos del reino de Dios” (v. 34).

¿Acaso este hombre no estaba realmente en el Reino? ¿Había un paso que todavía tenía que dar? Sí, lo había. Reconoció a Jesús como un gran maestro (v. 32). Pero era mucho más. También era el Salvador de los que no podían cumplir la ley y necesitaban un Salvador. Estar cerca no es suficiente. Reconoció grandes cualidades en Jesús, y no sabemos si alguna vez se acercó tanto a Jesús como para reconocer su deidad. ¡Qué historia tendría que contar si lo hubiera hecho! Seguramente es el momento de detenerse y preguntarse: “¿Estoy cerca del reino ahora, o estoy realmente en él?

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