Año 2025 – 8, 19-11-2025
Los babilonios enviaron a Daniel y a sus amigos al exilio. No se contentaron con privarles de su patria, sino que buscaron su asimilación, repudiaran sus valores judíos y abrazaran los babilónicos. De esto trata siempre la asimilación cultural.
La fuente de los valores de Daniel
No debería haber sido un gran problema reemplazar un conjunto de creencias y valores por otros, pues ya no estaban en Jerusalén. Pero comprendieron que sus creencias y valores judíos, no eran iguales, ni intercambiables. Los suyos no se habían forjado como el del fruto del desarrollo sociológico, cultural y artístico de un grupo humano, sino que Dios mismo se los había dado a la nación. Dios había advertido a su pueblo que se mantuviera alejado de los ídolos y había prometido enviarlos al cautiverio si se negaban a escuchar su advertencia. Ellos se habían negado a escucharle y el cautiverio había llegado como Dios había dicho. Daniel y sus amigos habían acabado en Babilonia, pues, con la firme convicción de que era mejor que el pueblo de Dios le obedeciera. Conscientes de ser una clara minoría en una cultura que era en gran medida hostil a sus creencias ¿Cómo podrían vivir allí sin ser asimilados?
La prueba de los valores de Daniel
Apenas llegaron, fueron matriculados en una escuela especial que los entrenaría para servir al Rey (Dan. 1:5), y se les puso delante la comida de Babilonia. Había, por supuesto, algunas partes de la cultura babilónica que no entraban en conflicto con las cosas de Dios, y en esos puntos Daniel y sus amigos no dudaron en integrarse (aceptaron nombres babilónicos y estaban dispuestos a aceptar empleos babilónicos). Pero en aquellos puntos en los que la cultura se enfrentaba a la ley de Dios, Daniel y sus amigos estaban llamados a defender su fe. Y este alimento, aunque parecía tan inocente e inofensivo, era uno de esos puntos.
El propósito del corazón de Daniel
¿Cómo lograron resistir tan enorme presión?: “Daniel se propuso en su corazón no contaminarse…” (v.8). ¿Era Daniel uno de esos raros hombres, capaces, de voluntad de hierro y firme determinación? Sí, seguramente, pero hay algo más. Pues él, no era solamente un ciudadano del reino de Babilonia, o de Judá, sino más bien, un ciudadano de un reino mucho mayor y trascendente – el reino de los cielos. Y su soberano no era Nabucodonosor, ni ningún otro gobernante terrenal, sino “el Dios del cielo” (Dan. 2:18,19,28,37,44). Daniel habló así a sus amigos de Dios: “…suya es la sabiduría y la fuerza. Él cambia los tiempos y las estaciones, destituye reyes y levanta reyes, da sabiduría a los sabios y ciencia a los entendidos. Revela cosas profundas y secretas; sabe lo que hay en las tinieblas, y con él habita la luz. (Dan. 2:20-22). Un Dios así en el cielo, lo cambia todo aquí, en la tierra. Pidieron que se les concedieran diez días sin la comida del rey, y que luego se les juzgara para ver si estaban mejor que los que comían la comida del rey (Dan. 1:11-13). Y sorprendentemente, tenían mejor aspecto (v. 15).
Las lecciones de la vida de Daniel
¿Cómo podemos vivir en nuestras culturas sin ser asimilados por ellas? Muchos cristianos profesantes parecen aceptar acríticamente todo lo que nuestra moderna Babilonia tiene que ofrecer. Piensan como los babilonios, hablan como ellos, actúan como ellos. Todo en ellos es más babilónico que cristiano. La capacidad de permanecer fieles a Dios sólo se consigue cuando nos proponemos en nuestro corazón ser fieles, y sólo podemos proponérnoslo en nuestro corazón si echamos una mirada crítica a los reinos competidores. Hay muchas cosas en Babilonia de las cuales que el pueblo de Dios es libre de disfrutar si no entramos en conflicto con la Palabra de Dios, pero con todo su atractivo, el reino de Babilonia es solo un reino de este mundo y como tal, finalmente pasará al olvido. El reino de Dios, por el contrario, ofrece bellezas y glorias que hacen que las bellezas de este mundo parezcan apagadas y tenues, y ese reino perdurará por siempre. Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue finalmente obligado a reconocer esta verdad. Dice del Señor: “Su dominio es dominio eterno, y su reino de generación en generación” (Dan. 4:34). Podemos confiar en que el Dios de ese reino nos fortalecerá y nos ayudará a enfrentarnos a enormes presiones.