¿Es Jesús el único camino a Dios?

Año 2026 – 5, 13-3-2026

Debemos felicitar a Tomás por su honestidad. Hay algunas personas que nunca admiten su perplejidad sobre nada. Siempre insisten en que lo entienden todo. Habría sido muy fácil para Tomás ponerse una máscara de super espiritualidad “Oh, así es, Jesús. Por supuesto que sabemos el camino que sigues…”

Tomás y su agnosticismo.

Al menos Tomás es lo suficientemente cándido como para admitir que tiene un problema. Ciertamente, Jesús no le reprende como incrédulo porque diga que no sabe. Jesús le responde: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (14:6) Está sustituyendo los lugares por personas. En lugar de hablar de la casa del Padre, le habla a Tomás de ir al Padre. En lugar de hablar de sí mismo como guía en ese viaje, habla de sí mismo como el camino, la vía misma: “Tu problema, Tomás, es que no me conoces. No te das cuenta de a quién+ tienes ante ti. Tomás, eres como un hombre que se queja de que no puede abrir el coche cuando todo el tiempo las llaves del coche están tintineando en su bolsillo. ¿No te das cuenta de que la respuesta a tu agnosticismo está frente a ti? Tú conoces el camino, yo soy el camino. Si me conocieras de verdad, también conocerías a mi Padre. El cielo no es un lugar al que debes viajar Tomás, es una relación conmigo que ya has comenzado”. Puede que haya algunas personas en este mundo cuya ignorancia sea excusable, pero tú ya no estás entre ellos.

Felipe y su misticismo.

“Felipe dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso será suficiente para ti” (14:8). Hay personas que se sienten atraídos hacia el misticismo, y los mistérico. Buscan algún tipo de contacto directo con el mundo del más allá para confirmar su existencia, algún tipo de experiencia sobrenatural. Sospecho que Felipe se inclina más bien en esa dirección. “Muéstranos al Padre”(14:9). Quiere ver algo tangible, una experiencia no mediada de Dios que le saque de dudas. Quizás esté pensando en una teofanía como la que recibió Moisés en la zarza ardiente en el Antiguo Testamento. O puede haber sido influenciado por las religiones griegas mistéricas y tiene en mente algún tipo de éxtasis o trance interior, un viaje espiritual, astral que lo elevará a nuevos niveles de conciencia. En Juan 5 Jesús reclama la misma adoración que Dios: “El que me honra, honra al Padre. El que no me honra a mí, no honra al Padre” (5:23). En el capítulo 8, donde reclamó el mismo título que Dios: “Antes de que Abraham naciera, yo soy” (8:58). En el capítulo 10 reivindicó la misma naturaleza que Dios: “Yo y el Padre uno somos” (10:30). Pero aquí Jesús hace seguramente la afirmación más sorprendente de todas: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.

Si hubieras ido a Buda y le hubieras preguntado: “¿Eres el hijo de Brahmah? Él habría respondido: “Hijo mío, todavía estás en el valle de la ilusión”. Si hubieras ido a Sócrates y le hubieras preguntado: “¿Eres Zeus?”, se habría reído de ti. Si hubieras ido a Mahoma y le hubieras preguntado: “¿Eres Alá?”, primero se habría rasgado las vestiduras y luego te habría cortado la cabeza (“¿Qué debemos hacer con Jesucristo?”) C.S. Lewis, God in the Dock.

La única forma en que un Dios personal y relacional puede revelarse a ti y a mí, es a través de una persona y una relación personal. ¿Existe una forma más elevada de revelar a Dios que esta? Sean, cuales sean las visiones y experiencias místicas que podamos experimentar, ninguna de ellas será más elevada que un encuentro personal con Jesús y la relación que surge del mismo. Porque todas esas experiencias son experiencias impersonales y, por lo tanto, inadecuadas. La única manera en que un Dios personal puede revelarse totalmente a nosotros es a través de una Persona, y Jesús dice aquí que: “esa Persona soy yo”.

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