Año 2025 – 3, 9-9-2025
Mateo 4:1-11
“Sólo aquellos que tratan de resistir la tentación saben lo fuerte que es. Nunca descubrimos la fuerza del impulso maligno dentro de nosotros hasta que tratamos de luchar contra él. Y Cristo, porque fue el único hombre que nunca cedió a la tentación, es también el único hombre que sabe plenamente lo que significa, el único completamente realista”. C. S. Lewis.
Primera tentación: En relación con la necesidad física.
“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. Jesús no había comido absolutamente nada en 40 días. Podía haberse rendido, y haber satisfecho se necesidad de alimento. Pero si hubiera utilizado su poder divino para suplir su necesidad, no hubiera podido entender nuestras limitaciones como seres humanos y él vino para identificarse con nosotros. No hay nada peor que el hambre, dijo un recluso del campo de Auschwitz. Su tentación por parte de Satanás no se produjo cuando estaba en la mejor condición mental y física (¿cuántas veces se nos concede lo mismo?), sino cuando estaba vulnerable y débil; es decir, en el momento más inoportuno. Pero en vez de rendirse, respondió: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Deuteronomio 8:3). ¡La Palabra de Dios es la respuesta a la tentación! Escuchar, creer a Dios y sus promesas es el primer paso para vencer la tentación. Estos son hábitos que necesitamos desarrollar.
Segunda tentación: En relación con la protección de Dios.
La segunda cosa que Satanás hizo fue llevar a Jesús a la ciudad de Jerusalén al pináculo del Templo. Allí le dijo: “Si eres el Hijo de Dios échate abajo; porque escrito está: “A sus ángeles mandará acerca de ti, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra”. Satanás tentó a Jesús para probar a todos su importancia ante los ojos de Dios. Lograría algo bueno (la gente iba a reconocerle como el Mesías) haciendo algo malo (revelar su identidad en una manera llamativa). Hubiera sido un mal uso del poder de Dios. En vez de rendirse a la tentación, Jesús utilizó de nuevo la Palabra de Dios y dice: “Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” (Deuteronomio 6:16). Tentar a Dios es lo opuesto a confiar en Dios. Jesús dijo “No” a la tentación porque sabía que los planes de Dios, y su voluntad es “buena, perfecta y agradable”. La segunda clave para la victoria: hacer lo que Dios ha dicho.
Tercera tentación: En relación con el poder y la vanidad.
La tentación final fue ofrecerle todos los reinos del mundo a Jesús si se postraba y le adoraba. La tentación era la gloria sin cruz. La Biblia que que debemos adorar solo a Dios y servirle a Él. Ningún, ser creado, incluyendo al ángel Satanás, merece nuestra adoración. ¿Cual es el fin principal de hombre? El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de él para siempre. Además, si Jesús hubiera ganado todos los reinos de la Tierra sin pasar por la cruz, nosotros todavía estuviéramos en nuestro pecado sin esperanza de salvación. Jesús sabía todas estas cosas entonces, respondió de nuevo utilizando la misma Palabra de Dios y dijo: “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él sólo servirás”. La tercera clave para vencer sobre la tentación: centrar la vida en Dios.
En su conflicto con Satanás Jesús tuvo que enfrentar las mismas tentaciones que experimentamos todos. La primera dudar de la provisión de Dios para nosotros, la segunda dudar de su plan, la tercera, creer que lo que nos ofrece el mundo es mejor que lo que Dios nos ha prometido. En su última palabra Jesús nos recuerda que solo Dios debe ser adorado y servido. La tercera clave para vencer sobre la tentación: una vida Cristocéntrica.
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