Año 2026 – 3, 3-2-2026
Orar es hablar con Dios. La hipocresía no es el único pecado que debe evitarse en la oración, también la “vana repetición”. La primera es la locura del fariseo, la segunda, la del pagano o gentil (Ro. 12:2). La hipocresía la desvía de la gloria de Dios, hacia la gloria de uno mismo; la verborragia la degrada de un acercamiento real y personal a un mero discurso vacío.
El modo pagano de orar
“No uséis vanas repeticiones, como los gentiles” (v.7) El énfasis está en “vanas” más que en “repeticiones”. Jesús no prohíbe la repetición, pues él mismo repitió al orar en Getsemaní: “se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras” (Mateo 26:44). Lo que prohíbe es la verborragia, es decir: “hablar sin pensar y meditar lo que se dice”.La verdadera meditación incluye el uso consciente de la mente, pero la Meditación Trascendental (Yoga, etc) es una técnica mecánica simple y esencialmente e vacío, la nada, en términos budistas “el todo”.
La advertencia “no os hagáis, pues, semejantes a ellos” (v.8) ¿Por qué no? “vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis” Dios no es ignorante, para que necesitemos instruirlo, ni vacilante, para que necesitemos persuadirlo. Es nuestro Padre –un Padre que ama a sus hijos y conoce todas sus necesidades – Entonces, ¿Para qué orar? Calvino nos contesta a esta pregunta: “Los creyentes no oran con el propósito de informar a Dios de cosas que le son desconocidas, o de entusiasmarlo para que cumpla con su deber, o de instarlo como si él mantuviera renuente. Por el contrario, oran movidos a buscarle, ejercitar la fe al meditar en sus promesas, aliviar sus ansiedades poniéndolas a sus pies; en una palabra, declarar lo que él, esperan y creen, para sí mismos, y para los demás, todo o bueno”. Lutero dijo: Mediante nuestra oración nos instruimos más de lo que lo instruimos a él”
El estilo de orar cristiano
Jesús pretende que nuestras mentes y corazones estén involucrados en lo que digamos. Oramos “Padre nuestro que estás en los cielos”. Dios es tan personal como nosotros lo somos, de hecho más aun. En segundo lugar, es amante. No es un ogro que nos aterroriza con crueldad atroz, ni el tipo de padre pasivo, dominante o egoísta. No, él es el Padre prototípico. Cumple el ideal de paternidad con su cuidado amante de sus hijos. Es poderoso. No sólo bueno sino grande. Las palabras “en los cielos” denotan no tanto el lugar de su morada, como la autoridad y poder de su dominio, como creador y regidor de todo. La oración cristiana dará primero prioridad a los intereses de Dios… (tu nombre, tu reino, tu voluntad). En segundo lugar, nuestras propias necesidades serán completamente confiadas a él (dánoslo…, perdónanos…, líbranos…). El nombre de Dios es “santificado”exaltado y separado de cualquier otro nombre. A Él le pertenece el debido honor en nuestras vidas, en la iglesia y en el mundo. Orar para que su reino “venga”es orar para que crezca, a medida que es predicado el evangelio y Jesús regrese en gloria a tomar su poder y su reino. “Su voluntad” es “buena, agradable y perfecta” (Ro. 12:2). Jesús pide que oremos para que la vida en la tierra se haga más parecida a la en el cielo.
“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” Lutero lo interpretó símbolo para “todo lo necesario para la preservación de la vida, como alimento, salud, buen tiempo, casa, hogar, esposa, hijos, buen gobierno, etc. “Perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” No significa que al perdonar a otros ganamos el derecho a ser perdonados. Una vez que nuestros ojos han sido abiertos para ver la enormidad de nuestra ofensa contra Dios. Pero si tenemos una visión exagerada de las ofensas de otros, esto prueba que hemos reducido al mínimo las nuestras.
“No nos metas en tentación, mas líbranos del mal” El “mal” debería traducirse “el malo” (13:19). Es el diablo quien tienta al pueblo de Dios a pecar, y de quien necesitamos ser “rescatados”. “No nos permitas ser guiados a la tentación de tal modo que ella nos venza, sino rescátanos del malo”. El diablo es demasiado fuerte para nosotros, que somos demasiado débiles para mantenernos en pie ante él, pero nuestro Padre celestial nos librará si se lo pedimos.